¿Tú también te has cansado de oír hablar de buenos propósitos para 2050? Por lo visto, dentro de casi 30 años el mundo será un lugar maravilloso donde todas las energías serán limpias y las grandes empresas lucharán activamente contra un cambio climático que estará en retroceso... O, al menos, esa es mi impresión al leer los objetivos que gobiernos y corporaciones se fijan para la fecha.  Pero ¿de verdad tenemos que esperar a 2050? ¿Podemos esperar?

Leemos muchas noticias. Ahora en España estamos a punto de aprobar una ley de cambio climático que “fija como objetivo para 2050 que el 100 % de la generación eléctrica sea renovable”. Al mismo tiempo, la Unión Europea ha acordado una norma que compromete su neutralidad climática para el mismo año.

Parece que, en esos casi 30 años, también diremos adiós a los coches de gasolina y diésel y que algún gran banco se ha comprometido a alcanzar las cero emisiones. Todos esos objetivos están muy bien, claro que sí, pero, ¿30 años? Me parece mucho tiempo... ¡es casi toda mi vida!

En 2020 tuve a mi primera hija y puede que la maternidad te haga replantearte ciertas (muchas) cosas, pero es que mi hija, que ahora es una bebé ¡tendrá 30 años cuando se cumplan todos estos objetivos! No podemos esperar más si queremos revertir los peores efectos del cambio climático. Y no es que lo diga yo. Lo expone, por ejemplo, Antonio Guterres, secretario general de la ONU, cuando afirma que “estamos en un punto de quiebra para el clima”.

Si tú tampoco quieres esperar a 2050, hay muchas cosas que podemos cambiar en nuestro día a día y de las que hablamos con frecuencia en La Revista Triodos. Por ejemplo, podemos reducir nuestro consumo, reutilizar nuestras pertenencias o donarlas para alargar su vida útil. Y podemos ir más allá y asegurarnos de que nuestro dinero, el que tenemos en el banco, no financia, por ejemplo, petróleo, ya en 2021, 2022, 2023, 2024… Por suerte, desde hace décadas existe la opción de elegir entidades que solo financian iniciativas con impacto positivo en las personas y en nuestro entorno. Y que NO (y nunca) financiaran otras energías o industrias dañinas.

Hay que aplaudir que las cosas mejoren un poco, y que los gobiernos e instituciones se pongan las pilas. Pero más deprisa. Además, cada uno y una podemos hacer también pequeños cambios para que las cosas cambien y, a poder ser, antes de 2050.