De ser un trabajador de la banca con cierta responsabilidad a crear Oportunitas, entidad que provee de microcréditos, formación y acompañamiento a personas sin acceso a la banca tradicional ¿Qué hay detrás de este cambio de rumbo?

Ya en el año 1998 y 1999, y gracias a la entidad bancaria donde trabajaba, tuve la oportunidad de conocer las microfinanzas. Esto cambió mi propia escala de valores. Me di cuenta de que este sistema era posible y decidí dedicarme por completo a las microfinanzas y no a las finanzas.

¿Cómo conviven (o convivirán) este tipo de soluciones de acceso al crédito con las tradicionales del sector?

Las formas tradicionales de acceso al crédito aportan al sistema social y económico muchas soluciones, nadie cuestiona esta labor de la banca. Pero sabemos que la actividad bancaria no es suficiente para cubrir las necesidades de un segmento muy grande de población a nivel planetario. No hablo de pobreza o de extrema pobreza, sino de un segmento que no está en situación de ser ayudado por el tercer sector, pero tampoco tiene acceso a la banca tradicional. El sistema no es capaz de generar soluciones para millones de personas y esto requiere, como mínimo, de una reflexión.

Según la EMN (Red Europea de Microfinanzas, por sus siglas en inglés), solo en Europa hay 85 millones de personas en esta situación.

¿A cuántas personas ha atendido Oportunitas desde su fundación en 2016?

Antes de dar una cifra concreta quiero explicar que en Oportunitas prestamos servicios financieros y no financieros. Lo importante de las microfinanzas son los servicios no financieros, que son los que realmente causan impacto social. Son los servicios que tienen que ver con la etapa previa (formación, análisis de viabilidad, análisis de las capacidades de la persona para emprender, valoración del entorno de apoyo…) y la etapa posterior a la concesión del microcrédito (ofrecemos un acompañamiento hasta que el proyecto se haya consolidado).

Desde 2016, hemos atendido a más de 1200 personas con servicios no financieros. Además, se han concedido microcréditos a unas 90 personas más. Estas cifras indican que, de cada 100 personas, entre 8 y 10 consiguen financiación y el resto necesita especialmente acompañamiento y asesoramiento.

Marcel Abbad

¿Cómo selecciona Oportunitas las personas o proyectos a los que apoya?

El criterio básico y universal es que son personas que no pueden obtener financiación por ninguna otra vía. Por ejemplo, si alguien puede acceder a financiación bancaria, lo derivamos allí.

Es decir, el criterio principal es no disponer de garantía bancaria tradicional (avales). Si se cumple, tenemos en cuenta otros criterios. Por ejemplo, el riesgo de exclusión de la persona porque primamos más las personas que cuentan con menos oportunidades.

Por último, también analizamos los planes de negocio. La necesidad hace que todos y todas crean viable la idea que tiene en la cabeza y es muy importante aportar realismo, hacer repensar planes de negocio, buscar el mínimo endeudamiento posible, etc. En el 80 % de las ocasiones ayudamos a reformular los proyectos.

¿Qué es y cómo funciona un microcrédito?

Es una herramienta de financiación para personas que están en un itinerario de asesoramiento para emprender con garantía de éxito. Están regulados por la Comisión Europea, son por un máximo de 25.000 €, con un tipo de interés nominalmente más alto que en los créditos del sistema financiero, y también incluye servicios no financieros. Normalmente son a un máximo 4 años y nunca son para consumo. Lo normal es que se utilicen para emprender. En Oportunitas, la media de crédito es de 10.300 € actualmente.

Este concepto de microfinanzas se ha asociado más, por lo menos hasta la fecha, a la cooperación internacional ¿Cómo habéis trasladado el concepto a Europa?

Las microfinanzas nacen de la mano de dos o tres instituciones. Por un lado, encontramos la experiencia de BancoSol, en los años 70 en Bolivia. A la vez, en Bangladesh nació otra iniciativa, Premio Nobel 2006, llamada Grameen Bank y promovida por Muhammad Yunus. La diferencia es que la experiencia asiática se concentró en pobreza extrema y mujeres y en el caso de Bolivia sobre todo a la creación de pequeñas empresas.

Fruto de estas dos iniciativas, en la misma época nació Adie en Francia. Lo fundó Maria Nowak, que combinó las dos tendencias. Su proyecto estuvo muy pendiente de las personas con más necesidad, con la referencia del sistema de Bangladesh, pero con el objetivo de la autoocupación, como en Bolivia. España fue puntera en programas de microcréditos mientras hubo cajas de ahorro.

Actualmente, en Europa, el sector microfinanciero está reconocido desde la propia Unión Europea, que opera a través del European Investment Fund (EIF), que cuenta con varias herramientas de apoyo a las microfinancieras, como la garantía de un porcentaje de la cartera microfinanciada, préstamos, asistencia técnica y otras colaboraciones. Para acceder a estos instrumentos se debe cumplir el Código de Conducta para la Provisión de Microcréditos en la UE.

Oportunitas es titular del Certificado de Cumplimiento del Código y, por tanto, recibe el apoyo del EIF a través de todas las herramientas e instrumentos que tiene disponibles para el sector. En nuestro caso, nos inspiramos en el modelo híbrido y centramos nuestra misión en lo más social del modelo asiático y lo más emprendedor del latinoamericano.

¿Qué características llevan a tener impacto más allá de lo económico?

En Oportunitas medimos el impacto social en base a 3 áreas: emocional, económica y de inclusión social (reconocimiento del entorno). Más allá de lo puramente económico, el impacto social, de autoestima y de percepción por la puesta en marcha de un proyecto que tiene viabilidad es el valor más importante para nosotros.

Trabajamos el proyecto codo con codo con las personas emprendedoras y les ofrecemos herramientas para desarrollarlo adecuadamente, y así se crea un vínculo de confianza mutua muy importante. La palabra clave es actuar con complicidad con el emprendedor porque, aunque sea vulnerable, lo fortalece enormemente.

¿Cómo funciona el trinomio riesgo – rentabilidad – impacto en microfinanzas?

La rentabilidad de las microfinancieras es una evidencia porque existe la experiencia de múltiples instituciones de microfinanzas que ya son rentables.
La gestión de una microfinanciera es infinitamente más cara que la de un banco, porque la personalización de sus servicios es mucho más alta. Para ser rentable, lo básico es controlar de la forma más rigurosa posible el riesgo de crédito. Por otro lado, cualquier plan de negocio de una institución microfinanciera alcanza su rentabilidad cuando consigue llegar a un determinado volumen.

¿Recuerdas algún proyecto con un cariño especial?

Recuerdo varios, pero tal vez un proyecto ejemplar es el de una persona que se encontraba en una situación familiar muy complicada. Se trata de un emprendedor muy hábil en el tratamiento de carrocerías porque había trabajado en el sector. Revisamos con él el plan de negocio, creímos en la persona y en su proyecto y se microfinanció la puesta en marcha de su taller. A día de hoy, ya ha generado cinco empleos y tiene en la cabeza su siguiente proyecto.

Pero también me gustaría decir que existen casos de fracaso, de los que nosotros mismos también somos corresponsables. Se aprende de ambos.