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entrevista

Actuar para seguir viviendo en el país con más especies vegetales de Europa

Hemos hablado con Simón Cortés, presidente de la Asociación para la Recuperación del Bosque Autóctono

Hemos hablado con Simón Cortés, presidente de la Asociación para la Recuperación del Bosque Autóctono

Desde su nacimiento hace 33 años, ARBA ha plantado 300.000 árboles y cerca de 2 millones de semillas en los bosques de la península.

La Asociación para la Recuperación del Bosque Autóctono nació en Madrid en 1986 años para trabajar por la protección de la flora, “que entonces estaba totalmente desatendida”. En estas más de 3 décadas se ha extendido por toda la península con 35 grupos autónomos y 2.000 socios, que han plantado 300.000 árboles y cerca de 2 millones de semillas.

El pasado 2 de marzo, la asociación recibió una donación de 10.000 € de Triodos Bank y Caser Pensiones, asociada a las contrataciones y traspasos del Plan de Pensiones Triodos. Tras el acto de entrega de la donación se celebró una jornada de reforestación con clientes en el monte Abantos, en San Lorenzo de El Escorial (Madrid). Se plantaron 200 árboles y se hizo un ejercicio de concienciación importante en un país donde, como acaba de destacar en un informe la Agencia Estatal de Meteorología, las zonas semiáridas han crecido en más de 30.000 km en solo medio siglo.

¿Cuándo comenzó su actividad ARBA y qué motivo os llevó a hacerlo?

Funcionamos aproximadamente desde 1986, aunque ya nos estuvimos reuniendo desde el año anterior. ¿Por qué? En esa época, la mayoría de los grupos ecologistas que había en España se dedicaban a las aves, los mamíferos y otros temas, pero la vegetación estaba totalmente desatendida. Entonces, una serie de personas que estudiábamos en la universidad, naturalistas, nos reunimos y decidimos crear una asociación que se dedicara al mundo vegetal.

Siempre se escucha el dicho de que hace siglos una ardilla podía cruzar la península ibérica de árbol en árbol. Más allá de si era cierto o no, ¿cuál es la situación ahora?

No, no es cierto. La península ibérica, por su situación geográfica, es muy rica en vegetación. Tenemos una gran cantidad de bosques pero también zonas esteparias. Por ejemplo, Los Monegros, aunque parte era un sabinar, tiene zonas que son esteparias. En Murcia también hay. Y luego, en todas las montañas a partir de los 1.800 metros hay zonas de pastos. Era muy difícil. Esta frase que se le atribuye a Estrabón, parece ser que no tiene lógica.

En cuanto a la vegetación, sí, se está recuperando. España era un país eminentemente ganadero, más que agrícola, y el diente hace bastante daño a la regeneración natural. Al despoblarse los pueblos y al estabularse la ganadería, la vegetación ha cogido impulso y por sí misma está saliendo. Aparte de las campañas de repoblaciones, que se hacían más bien con un objetivo productivo.

“El problema de la situación actual es que va a ser todo muy rápido”

 

¿Podemos hacer algo para facilitar este proceso de recuperación?

La naturaleza necesita su tiempo. Lo que sí se puede, y con el cambio climático con más motivo, es monitorizar y averiguar qué va a ocurrir. La vegetación probablemente cambiará. En lugar de tener hayas en el norte, por ejemplo, subirán las encinas. Con las glaciaciones la vegetación fue bajando y, según se retiraron, recuperó sus posiciones anteriores. El problema de la situación actual es que va a ser todo muy rápido. No sabemos la adaptabilidad que van a mostrar las plantas.

¿Qué podemos hacer? Yo pienso que conservar un poco todo lo que tenemos, que es importantísimo porque en España disfrutamos de casi 2.000 especies más que el resto de Europa junta, tenemos alrededor de 8.600, algunas venidas de África y otras incluso llegadas de Afganistán o de Arabia Saudí, cuando el Mediterráneo casi se secó. Esta rica flora a veces es suficiente con no tocarla, porque ella sola se regenera.

“En España disfrutamos de casi 2.000 especies más que el resto de Europa junta, tenemos alrededor de 8.600, algunas venidas de África y otras incluso llegadas de Afganistán o de Arabia Saudí”

 

¿Desde el sistema financiero, cómo se puede ayudar a que se mantenga la situación?

Lo importante es cambiar el modo de producción. Y luego hay empresas que tienen cierta ética hacia el medio ambiente, y sería positivo potenciar esa ética. Hay muchas maneras de ayudar, no solo con la vertiente vegetal sino también trabajando la animal, o hasta el patrimonio o la cultura que se está perdiendo. Potenciar todo esto sería muy bueno, sobre todo para que las generaciones que vienen no se queden huérfanas de esta rica cultura tradicional que nos rodea.

 

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En este mundo que vivimos en las grandes ciudades… ¿es fácil para alguien, para un ciudadano normal, echar una mano en la protección de nuestro patrimonio vegetal?

Sí, claro. Yo soy de Madrid pero vivo en un barrio. Y por lo que sea, este barrio parece un pueblo. Salgo de casa y antes de llegar al mercado me puedo parar a hablar con un montón de personas. Esto también es la actitud ante la vida que uno elija. Si es una actitud de solo consumir y poseer, vas a tener que trabajar muchísimo. Si es más de estar con la gente, es diferente. En un pueblo ahora mismo puede ocurrir lo mismo que en una gran ciudad. Si alguien va a comprar al supermercado del pueblo de al lado en vez de a un vecino, está reproduciendo la vida de las ciudades. Por el lado contrario, también hay que decir que una ciudad puede ser muy agradable.

Vosotros organizáis, entre otras, actividades como preparar plantones para reforestar. Se puede participar en actividades que en realidad no ocupan mucho tiempo.

Eso es. Habitualmente la gente de ARBA trabaja, menos los jubilados, y tampoco se le exige a nadie nada. Solo una parte de su tiempo libre y con una gran libertad para que cada uno haga lo que pueda.

“Lo importante es cambiar el modo de producción. Y luego hay empresas que tienen cierta ética hacia el medio ambiente, y sería positivo potenciar esa ética”

 

¿Creéis que las nuevas generaciones están concienciadas y pueden ayudarnos en todo esto? Tenemos el ejemplo actual de los jóvenes que se manifiestan todos los viernes para urgir a los gobiernos a actuar contra el cambio climático.

Esta es una pregunta que todo el mundo hace desde el sentido de “los jóvenes no se mueven”. Los jóvenes siempre se han movido. Y la gente que lo hace y que tiene conciencia siempre ha sido la mínima, pero esa mínima ha sabido cambiar todo. Los jóvenes lo hacen. Puede haber muchos que no, como antes. Pero los que se mueven son los que realmente agitan la sociedad. No hace falta que trabajen todos en una dirección, pero a lo mejor con que lo haga una pequeña parte, el resto se puede sentir influido. La gente joven está preocupada tanto por temas sociales como por el medio ambiente y de hecho, ahí tenemos ahora los niños que se están preocupando por lo que respiran.

Y para terminar, ¿se ha solucionado este problema tan repetido de buscar especies de crecimiento rápido, no autóctonas, para repoblar zonas que han sufrido un incendio forestal, por ejemplo?

No. El Estado tiene que mejorar mucho ahí. Esto es como todo, las grandes compañías, como las madereras, por ejemplo, tienen una fuerza muy importante. Todo usamos papel y es necesario que existan cultivos forestales, nosotros no lo negamos, pero también decimos que hay muchas tierras de labor que ya no se cultivan. Se podrían usar para esto. En lugar de cereales, se podrían plantar en ellas árboles para producir pasta de papel y madera. Es necesario, no somos fanáticos. Pero también lo es que el Estado mire más por un patrimonio que es riquísimo, el natural. Una cosa no va reñida con la otra. Lo que no se puede hacer es utilizar un monte autóctono donde viven una flora y una fauna de gran variedad, como los que tenemos en la península ibérica, para plantar una serie de especies que lo perjudican, cuando tenemos terrenos abandonados.

Texto: Víctor Regidor

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